Ignacio hurtado Garrido

El confinamiento trajo consigo un cambio en los hábitos de consumo de los madrileños, incrementándose exponencialmente los pedidos de comida a domicilio.

 

Esto ha creado un filón que pronto han comenzado a explotar las empresas de delivering, que en la búsqueda para acortar los tiempos de entrega y los gastos asociados al transporte de los pedidos, han reubicado sus centros de cocina en el corazón de las grandes ciudades.

 

En Madrid, durante el último año, ha proliferado la instalación de cocinas fantasma (dark kitchens), especialmente en los distritos de Tetuán y Chamartín. Son cocinas industriales que se han ubicado en antiguas naves en desuso y bajos comerciales de edificios residenciales.

 

En el barrio de Tetuán el problema va a más: La primera cocina fantasma se estrenó en la calle José Calvo, 10, y desde aquí fueron expandiéndose:  Algodonales,  19, Araucaria, 19, Sorgo, 17 y 53, y la Glorieta de Miguel Rubiales, 1 son, por el momento, de las que se tiene conocimiento.

 

Los principales perjudicados son los ciudadanos que residen en las cercanías de las cocinas, que se han puesto en pie de guerra contra este tipo de negocio, ya que sufren problemas  de ruidos, movilidad y salubridad.

Calles que antes eran tranquilas, tienen ahora ruidos a lo largo de todo el día y hasta bien entrada la noche. Primero son los proveedores que sirven los productos y después van llegando bicis, motos, coches y furgonetas que se dedican al reparto de comida a domicilio, invadiendo gran parte de las calles, que tienen ahora un problema añadido por la suciedad que se genera, la cantidad de cubos de basura de grandes dimensiones y los olores y gases que generan las chimeneas.

 

Los vecinos se enfrentan a una verdadera industria instalada en el casco urbano.

 

Pero, ¿cómo podemos evitar la instalación de las cocinas fantasma?

 

Los vecinos han constituido la Plataforma Vecinal de Afectados por las Cocinas Fantasma, y sus actuaciones han llevado al Ayuntamiento a manifestar su intención de suspender el otorgamiento de licencias coincidiendo con la modificación del plan general, mejorando las normas del año 1997 y adecuándolas a 2021.

 

Desde las comunidades de propietarios es posible evitar su instalación:

 

Los locales que no están adaptados deben instalar chimeneas de extracción de humos y ventilación. En Madrid la normativa exige que la chimenea que tenga salida directa al exterior debe coronar el edificio en al menos un metro, lo que implica que un tubo discurra a lo largo de toda la fachada del edificio, aunque sea interior. Esto supone el establecimiento de una nueva servidumbre y una modificación del título constitutivo, por lo que será necesario que se adopte un acuerdo unánime de todos los propietarios, según la Ley de Propiedad Horizontal.

 

En caso de que no exista una limitación en el título constitutivo o en los Estatutos de la comunidad, según el tipo de actividad que se puede realizar en el local, y cuenta con la preceptiva licencia de actividad, sólo si se producen molestias a la finca como ruidos u olores, se puede ejercitar la acción de cesación regulada en la Ley de Propiedad Horizontal.